viernes, 27 de agosto de 2021

Quédate un ratito más

Ven, quédate un ratito más

Piérdete junto a mi

Qué es esto tan nuevo, tan dulce y placentero que siento, que veo, que toco y que beso. 

Tus ojos logran derribar mis muros y desnudarme el alma. 

Soy yo, simple y completamente yo. Esa que siempre ha estado escondida del mundo frío y cruel. 

Hay un ciclo que definitivamente cerró: el circulo infinito del dolor.

Bienvenidas sean las risas y la tranquilidad que mi corazón encontró. 



miércoles, 12 de mayo de 2021

Mírame bien


Siento profundo, intenso. Las canciones me tocan. Las letras me suavisan y me acarician el alma. Siento profundo, siento mucho y lo reconozco, lo acepto. Me emociona palpar y ver cómo vuelvo a sentir, a vibrar, a soñar. Me veo en una casa, con vista al lago, a un cerro o a un bosque. Me veo con mi perro, una taza de té y un libro sentada en el balcón viendo la tarde caer o la mañana aparecer. Me veo fuerte, segura, siendo yo misma en mi propio espacio. Volviendo a mi tierra. A esa tierra que me hizo vibrar hace un par de años. A esa postal de viaje que me tocó el corazón y me cambió por completo. Vuelvo con el corazón en la mano, con los pies firmes y seguros.  Vuelvo y le digo a las montañas que cumplí mi promesa de regresar, de llevar esa vida que admiraba en otros. Me siento capaz de construir lo que quiero para mi y eso es tan profundamente bello y emocionante que creo tocarlo con las manos. Me vuelvo a sentir. Vuelvo a ser yo. 




sábado, 1 de mayo de 2021

Mayo


A veces quiero avanzar. A veces creo que lo hice. A veces me siento en los aires. A veces me siento libre. En otras caigo de golpe y recuerdo que no. Que quizás no estoy avanzando. No avanzo. Lo admito. Luego trato de racionalizarlo. De decirme está bien, es un proceso. Todas las caídas cuentan. Todos los repliegues son necesarios, lo sé. Pero a veces no me basta conformarme. No me gusta conformarme. No me gusta la palmada en la espalda que te dice - al menos lo intentaste. Me carga. Me revista. Me hace sentir mediocre y el doble de fracasada. Anoche fue de esos momentos. Hoy lo sigue siendo. Y me cobijo en este repliegue con sabor a vino. 
Con cuantas copas se deja de sentir?

lunes, 26 de abril de 2021

la suciedad del alma

A veces quisiera bañar mi cuerpo de pintura. 

Vomitar colores. 

Teñir mi piel de rojo, como si sangrara, como si palpitara al ritmo del corazón. Untar mis manos de azul, dejar los ríos fluir por mis venas, mis brazos hasta rebalsar los pulmones de aire limpio, refrescante, nuevo. Pintar sobre mi rostro los mil colores que no logro expulsar aún. Una mezcla entre tonos amarillos y verdes, calipsos y violetas. Dejar correr por mis piernas colores cercanos al negro, como manantiales de agua sucia, podrida, estancada. Expulsar la mugre que habita en mi. 

Parirla. 
Menstruarla. 

Me siento sucia, por dentro, por fuera. Mis glándulas sudan dolores pasados, tapando mis poros de mugre acumulada por años de mal vivir, de sentencias diarias, de malas experiencias, de llantos desparramados por calles perdidas. De rostros que se esfuman a la velocidad del metro, con la misma rapidez que los sentimientos vertidos, entregados, donados sin control. 

Me siento sucia. Menos podrida que antes, pero igual de embarrada. 
Siento mis órganos cargados de barro, como si la tierra se acumulara en las paredes de mi cuerpo y se fuese secando lentamente. 
Quizás en algún momento se termine de secar y me desintegre como los árboles en otoño. Tal vez es hora de deshojarse, aunque cueste, aunque duela nuevamente. 

Me siento sucia. 

Necesito un aseo profundo que limpie diez años de mugre.

Me siento sucia y nadie puede limpiarme más que yo. 



domingo, 31 de enero de 2021

de nada sirve

No hay magia alguna que borre años de insistencias, de recordar el pasado idealizado, manchado por los dolores y los falsos amores. Que me lleve la lluvia, y limpie en mí lo que la razón no ha podido del todo. Desmitificar los recuerdos y volverlos acción, realidad, por espantosa que sea. Tal vez no se trata de "cerrar" esto, de decir borrón y cuenta nueva porque para mi no resulta, sino de sintonizar con quien soy y menos con quien era. 

martes, 19 de enero de 2021

la depresión y yo

 He llegado a un punto en el que lo me llenaba, para bien o mal, ya no lo hace. Las canciones ya no dicen más que palabras rebuscadas o sentimientos que me parecen cada vez más ajenos a este estado actual que no puedo definir. Solo sé que hay demasiadas huellas que de a poco comienzan a borrarse con el pasar el día, de los meses, años, del tiempo, del polvo, del ajetreo diario, del ir y venir entre dolores viejos y nuevos. 

Hay sentimientos que ya no recuerdo. Que ya no siento. Que parecen perdidos en un circulo infinito llamado pasado.

Vuelvo a este vacío, a esta nada, tan familiar que hasta parece mi amiga. Me habla, me saluda, me invade y a veces, como hoy, me invalida. Me bloquea la vista, los sentidos, las ganas, el día a día. Cuando reaparece la luz molesta, el calor sofoca, la rutina desgarra la poca llama que se resiste a sobrevivir en mi. Cuando reaparece ya no la combato. Ya no emprendo batalla contra ella, ya no me lleno de municiones ni tanques para aplastarla como una araña maligna. Entre tanta picadura y veneno dejé de molestarla y de a poco aprendo a re-conocerla desde otro lugar. No niego que cuesta, pero ahora vemos películas juntas un lunes cualquiera a las 3 de las tardes y el mundo no se acaba. 

Esa nada ha tomado forma hace unos (varios) meses. Ya no es tan irreal. Quizás nunca lo fue, porque me ha acompañado durante demasiados años, pero de alguna manera u otra a cultivado en mi una empatía hacia el dolor ajeno que de otra manera no habría desarrollado tanto. Nunca fue irreal porque su presencia en mi siempre estuvo. Siempre está. Tal vez es parte de mi ya. 

Hay un montón de cosas que he tratado de modificar, de erradicar de mi ser, no se si por voluntad o por ese estúpido estereotipo de la felicidad plena y su búsqueda infinita. Ahora recién comienzo a comprender, a racionalizar la idea de que esta nada es tan mía como respirar. Y que la clave, más que los analgésicos para dormirla, es precisamente dejarla ser. Dejarla gritar un rato, oír lo que viene a decir, casi como la alarma por la mañana para  despertar. Dejarla pasar. Apagarla un rato y aceptar que la noche acabó y el día empezó otra vez. 

Entenderla como lo que es. 

Como una compañía indeseada que me recuerda que todo cambia y que lo que creía cierto ayer ya no lo es tanto. 


 


volver

Me pierdo en las calles en medio de recuerdos, que parecen tan lejanos como el día que culmina. Me pierdo en conversaciones banales y vacías...