la brisa de la cordillera
Así de pronto.
De imprevisto.
Ni en el mejor (peor) de los sueños.
Ni en el mejor (peor) de los sueños.
Sin aviso,
mi mañana se volvió un caos.
mi mañana se volvió un caos.
Mantuve la calma durante todo el día.
La mantuve cuando te vi en la banca de la plaza y me abrazaste después de tanto tiempo.
La mantuve cuando me mirabas sin decir nada y yo solo sentía unas ganas enormes de perderme en esos ojos.
La mantuve cuando caminamos entre arboles, zorzales y otoñales hojas secas del parque.
La mantuve cada vez que reíamos como viejos amigos, como dos almas que se vuelven a sentir a pesar de la distancia, de las palabras mal dichas, de los silencios, de las noches en vela y del tiempo. La mantuve cuando volví a sentir tu corazón en un cálido abrazo en medio de una escalera.
La mantuve cuando te vi en la banca de la plaza y me abrazaste después de tanto tiempo.
La mantuve cuando me mirabas sin decir nada y yo solo sentía unas ganas enormes de perderme en esos ojos.
La mantuve cuando caminamos entre arboles, zorzales y otoñales hojas secas del parque.
La mantuve cada vez que reíamos como viejos amigos, como dos almas que se vuelven a sentir a pesar de la distancia, de las palabras mal dichas, de los silencios, de las noches en vela y del tiempo. La mantuve cuando volví a sentir tu corazón en un cálido abrazo en medio de una escalera.
La mantuve cuando nos despedimos. Cuando solo quería decirte que no te fueras, que te había extrañado mucho, que vinieras y dejáramos que las horas corrieran solas, sin prisa.
Mantuve la calma,
pucha que lo intenté,
pero cuando la luna llena apareció,
me desmoroné.
Mantuve la calma,
pucha que lo intenté,
pero cuando la luna llena apareció,
me desmoroné.
Otra vez.
Pese a que una noche antes
cuando extraña y repentinamente me acorde de ti en medio del insomnio,
me dije con certeza:
la herida está cerrada.
Pero tu llamada de las 11 am me recordó que no lo estaba.
Tú mirada hizo eco por dentro, caló tan profundo que solo pudo decirme a gritos que todo lo que sentía por ti
seguía ahí.
cuando extraña y repentinamente me acorde de ti en medio del insomnio,
me dije con certeza:
la herida está cerrada.
Pero tu llamada de las 11 am me recordó que no lo estaba.
Tú mirada hizo eco por dentro, caló tan profundo que solo pudo decirme a gritos que todo lo que sentía por ti
seguía ahí.
Siempre ha estado.
Y quizás siempre estará.
