Siento profundo, intenso. Las canciones me tocan. Las letras me suavisan y me acarician el alma. Siento profundo, siento mucho y lo reconozco, lo acepto. Me emociona palpar y ver cómo vuelvo a sentir, a vibrar, a soñar. Me veo en una casa, con vista al lago, a un cerro o a un bosque. Me veo con mi perro, una taza de té y un libro sentada en el balcón viendo la tarde caer o la mañana aparecer. Me veo fuerte, segura, siendo yo misma en mi propio espacio. Volviendo a mi tierra. A esa tierra que me hizo vibrar hace un par de años. A esa postal de viaje que me tocó el corazón y me cambió por completo. Vuelvo con el corazón en la mano, con los pies firmes y seguros. Vuelvo y le digo a las montañas que cumplí mi promesa de regresar, de llevar esa vida que admiraba en otros. Me siento capaz de construir lo que quiero para mi y eso es tan profundamente bello y emocionante que creo tocarlo con las manos. Me vuelvo a sentir. Vuelvo a ser yo.
