domingo, 1 de noviembre de 2020

el alma y el cuerpo

 Hay cosas que solo puede expresar el cuerpo. Hay un decir detrás de cada roce. Las palabras se esconden debajo de la ropa. El alma se libera y se funde al salir de ella. Se pierde. Se esfuma. Y regresa. Una y otra vez. 





Que el amor nos corrompa una y otra vez. Que el placer nos devore, nos muerda, nos mastique y luego nos vomite como papel mojado. Que las risas nos consuman una y otra vez. Que nos ahoguemos de lagrimas confusas, indefinibles. Saquémonos los sesos de placer. Hay lugares donde la razón no tiene cabida (tú por ejemplo). Estorba. Molesta. Frena. Paraliza. 

Hay cosas que solo la piel puede expresar. Se eriza. Se ruboriza. A veces se congela. En ocasiones arde y se funde al tacto. El loco lenguaje de los cuerpos danzantes. Si pudiera elegir un instante de la vida para que se repitiera infinitamente sería ese. El de los inicios. Cuando la ansiedad te recorre la espalda. Cuando tu cuerpo y tu intuición se entienden, dialogan con complicidad. Cuando el tiempo se acelera y luego para. Se detiene. Todo se suspende en el aire. Sientes la respiración. Tuya y ajena. Y sientes que tus líneas se desdibujan creando ondas nuevas, colores nuevos, almas nuevas. 





Hay cosas que solo la oscuridad puede decir. 

Entre ellas, que no se arrepiente de lo que ha visto. 

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Me pierdo en las calles en medio de recuerdos, que parecen tan lejanos como el día que culmina. Me pierdo en conversaciones banales y vacías...