Esta etapa se llama: repintando los colores de mi vida, recobrando sus tonalidades naturales, esas que por años creí que solo eran blanco o negro. Recuperar mis colores, los vivos, los fuertes, los chillones y rimbombantes. La primavera es más que la cursilería de florecer, es apropiarme de los colores.
Se que están por ahí, ya los puedo ver, sentir vibrar dentro de mi, solo falta hacerlos míos, para no dejarlos ir más.
