Los pronósticos astrológicos no me hacen eco. No le dicen nada a mi alma cansada que no encuentra más camino que echarse a dormir por horas infinitas, mientras se calma después de tantas emociones.
Las palabras no me dicen nada nuevo.
No tiene correlación con esta indescriptible emoción que me embarga y me resta energía. Quizás de eso se trata. De un alto antes del cambio, antes del bombardeo. Pero mi corazón ya está bombardeado. No encuentra un camino limpio y renovado aún para echarse a andar otra vez. Tiene a cuestas las imágenes del pasado, de amores intensos pero esporádicos, de besos y caricias alocadas que me han revuelto hasta la conciencia de lo moral y lo aceptable. Amores que han calado hondo en mi cuerpo y mi alma, para desmembrarla y reconstruirla, para hacerme saber que sigo viva y que hay un mundo entero de sensaciones y placeres mundanos por conocer, que le dan sentido y ritmo a esta asquerosa rutina que es la vida urbana.
Estás aquí, estoy aquí y cada palabra que venga de ti me eriza la piel y me revuelve el estómago.
Cómo se puede sentir tanto en tan poco tiempo?
Cómo cresta el tiempo y el espacio se distorsionan ante el deseo de sentir un cuerpo junto a otro, ante esa fiebre que da el coraje y el atrevimiento que te falta todos los días, que te hace sentir única, brillante y capaz de tragarte al mundo por ese impulso no racionalizado que te llevo hasta ahí, hasta esa mañana, lejos de todos, en una casa vacía de sombras pero llena de un sentimiento nuevo, extraño, difuso, contradictorio, pero real, tanto como nosotros mismos. Ese impulso que te hizo dormir abrazada como hace años no lo hacias, sintiendo que todo estaba bien y estaría mejor incluso, que eras libre de trabas externas y de tus propias ataduras.
Te extraño, lo admito. Pero nunca lo sabrás.