Llevo meses caminando por las lineas del tren, percatandome de no morir arrollada. Llevo meses esperando pacientemente que pase el tren para poder cruzar al otro lado. Al principio creí que se había atrasado en pasar, pues eran las 12 y aun no se veia venir. Luego pensé que había un problema técnico, un desperfecto que debía ser solucionado. Solo quedaba esperar. Un par de días serán suficientes imaginé. Pero nada. Ni las luces se veían del tren.
No había información al respecto, ni carteles, informes, comunicados, nada. No había nadie que pudiera decirme qué pasó. Al comienzo me senté simplemente a esperar su llegada para cruzar, pues obvio, no quería que justo cuando estuviera a la mitad de la vía pasara y me arrollara. Había que ser precavida.
Pero fueron días primero, luego semanas sin saber nada. Todo estaba igual. La paciencia se me empezó a agotar, no podía pasarme toda la vida ahí sentada, ya hasta frío sentía.
Un día me aburrí y fui a pedir explicaciones. Como no había nadie, deje en el libro de reclamos una larga lista, con todas las molestias que tenia por el atraso del tren, por no haberme informado nada y por tenerme ahí, esperando.
Creí que ante tantas palabras dirían algo al respecto.
Han pasado casi dos semanas y aun no tienen la decencia de dar una explicación.
Hoy me paré donde mismo lo venia haciendo, donde mismo esperaba el tren que nunca llegó. Tomé mi maleta y sin pensarlo, sin mirar siquiera, crucé. El cruce se hizo eterno y el miedo me hacia temblar las rodillas. Pero llegue al otro lado, viva.
Y aquí estoy, tratando de comprender lo que pasó, no respecto al tren sino al valor que tuve para cruzar.