domingo, 30 de julio de 2017

ramas

Los arboles y yo tenemos una conexión. Cada uno me recuerda algo y me cuenta una historia. No son todos iguales.
Los del sur son grandes, potentes, sensibles y nobles. Te abrazan con sus grandes ramas en las calurosas tardes de enero o te permiten contemplar un lindo atardecer un martes de abril cualquiera. Hasta cuando llueve son hermosos.
Los de acá son revitalizantes. Encontrar uno en medio de una jungla de cemento y frialdad. es toda una fiesta. Te retrotraen a recuerdos de juventud, de amores pasados y nuevos, de sentimientos floreciendo en medio del ajetreo metropolitano. Es una válvula de escape a todo el agobio. Te deja reconectarte y explorar en lo mas profundo de tus miedos y temores.
Al mismo tiempo me reflejo en ellos, en cada uno de sus etapas al compás de las estaciones. También pierdo hojas en otoño y la nostalgia me invade por el invierno. En primavera el solcito me renueva las energias y en verano hasta me sofoco. Pero cada rama es una extensión de mi misma, de todo aquello que conozco y que aun estoy por conocer.



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Me pierdo en las calles en medio de recuerdos, que parecen tan lejanos como el día que culmina. Me pierdo en conversaciones banales y vacías...