martes, 9 de enero de 2018

verano

Desde tiempos inmemorables que detesto el verano. No se si será el calor sofocante de la ciudad, con sus calles atochadas y pegotes, o si mis recuerdos de niñez no son los mas felices, pero no hay meses que deteste mas que enero y febrero. Esto llega a tal punto que prefiero el estres cotidiano del resto del año que pasar semanas viendo como te venden  paisajes paradisíacos por la tele, mientras te derrites en el sillón, sin ventilador y sin plata para salir. Pero lo intenté, busque pega como cualquier santiaguino universitario pobre periferico, aunque fuese a dos horas de mi casa, pero nadie quiere a un trabajador sin experiencia y que ademas no está ni ahí con hacerle la pata a los jefes o asumir tareas que no concuerdan con las "labores" que te venden en los avisos por un moco de plata. Y todo para qué? para poder pagar un par de dias lejos de todo, como si mi bienestar emocional tuviera precio. Sistema culiao que te hace creer el cuento de las vacaciones como si uno pudiera optar a aquello, como si fuese bacan pensar en salir sola viendo como mis viejos siguen encerrados en la rutina. Si, estoy enojá. No tanto porque no tenga donde ir, sino porque me enferma esa "necesidad" de vacaciones, solo para ir a sacarse una foto frente a un lago que no volverás a ver durante el año y por la falsa esperanza  de una tranquilidad  que solo te hace olvidar por un tiempito corto la caca de vida que llevas.


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Me pierdo en las calles en medio de recuerdos, que parecen tan lejanos como el día que culmina. Me pierdo en conversaciones banales y vacías...