Cada vez que paso por Santa Ana espero verte otra vez. Justo ahí, donde siempre. Donde me esperabas. Con tu infaltable cigarro, el mismo que fumabas después de abrazarnos hasta perdernos; el mismo que anhelabas tanto el día que esperabas que abriera el corazón que hiciste para pedirme pololeo; el mismo que fumabas mientras me esperabas la primera vez que salimos con la excusa de aprender a tocar guitarra y donde terminamos por besarnos mas que aprender acordes. El mismo cigarro que fumabas la última tarde que pasamos juntos, cuando ya los problemas nos inundaban. El mismo que no te vi fumar cuando te pedí un tiempo y que en menos de un día se convirtió en un adiós. El mismo que no te vi fumar cuando comprendí que lo había arruinado todo, que te había desarmado mas de lo que ya estabas. El mismo cigarro que hoy extraño. El mismo que hoy espero verte fumar en Santa Ana, una vez mas, donde siempre. Donde siempre te he esperado
