sábado, 4 de enero de 2014

paseo solitario

Hay un lugar de Santiago donde se llena de almas solitarias que se sientan a esperar un milagro o simplemente contemplar un calurosa tarde de verano.
Son muchas las miradas que se cruzan sin decir palabra pero que a la vez forman parte de una gran  masa de personas que se sienta cada tarde en alguna banca, a ver las horas pasar, los dias y los años que ya no vuelven más. Vamos restandole tiempo a nuestras vidas y viendo cada vez mas hacia atras que hacia el horizonte. Podríamos esfumarnos para regresar limpios y renovados, pero no hay repuestos para este engranaje de piezas que se van aflojando.
Ante un mundo que se mueve cada vez mas rápido estamos mas estancados, mas lejanos, mas ausentes.

Pasaría mis tardes enteras sentada en el paseo Bulnes, pero algo me falta, algo que no se describir porque no se lo que es. Algo que me revuelva la consciencia y me despierte de este largo sueño que no acaba nunca.







                                                               

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Me pierdo en las calles en medio de recuerdos, que parecen tan lejanos como el día que culmina. Me pierdo en conversaciones banales y vacías...